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La arquitectura del cine

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Arquitectura y cine caminan de la mano. Inevitablemente, estos dos artes, el tercero y el séptimo, comparten mucho más de lo que pueda parecer a simple vista. Si quieres aprender sobre arquitectura o contratar los servicios de un arquitecto, profesionales como Sebastián Bayona Studio, pueden hacer realidad tus sueños, pero si lo que quieres saber cómo estas dos disciplinas artísticas se embeben unas de otras, puedes seguir leyendo y adentrarte un poco en la escena.

Una película es algo más que una secuencia de imágenes proyectadas para ser visualizadas por el espectador. Antes de llegar a convertirse en un producto, los largometrajes, son un proyecto que emerge de un estudiado plan, en el que el guión, es el plano. De manera análoga a lo que un plano de arquitectura es a la construcción de un edificio. Para ejecutar la obra, es necesario unir una serie de elementos que, bien ensamblados entre sí, dan como resultado, auténticas obras de arte. Sea celuloide o ladrillo, el cine y la arquitectura, parten de una misma base: el papel.

Una base, una estructura y una planificación exhaustiva, son los factores clave que hacen que una película salga a la luz. Del mismo modo que sucede con la construcción de un edificio. Técnicos, operarios, maquinistas, figurinistas, escenógrafos, obreros… toda una suerte de oficios que entretejen entre si un resultado final común.

Mientras que para rodar una película, es fundamental contar con buen guión; convincente, detallado, bien construido y estructurado para facilitar el trabajo posterior, para levantar un edificio, se requiere un buen diseño. Al final son la misma cosa, el guionista es el arquitecto de la película y el arquitecto el guionista de su edificio.

Analogías aparte, veamos como la arquitectura y el cine, se mimetizan continuamente en el séptimo arte, para dar vida a los incontables proyectos cinematográficos que se producen día a día.

Conexión visual, conexión narrativa

Si nos detenemos a pensarlo un instante, podemos observar como la arquitectura es, con mucha probabilidad, el arte más inherente a nuestro día a día. Es inevitable vivir en una obra de arte como son los edificios de viviendas (aunque algunos son verdaderos desastres creativos). Si algo caracteriza a la arquitectura, es que bebe de otras disciplinas artísticas, lo mismo que sucede con el cine. De tal manera que, de todas las formas de expresión que posee la arquitectura, se infiere y deduce el impacto de muchas otras artes que, ejercen tanto como su fuente de inspiración como se convierten en parte de su proceso de creación.

Resulta tan evidente que otras disciplinas como la escultura o la pintura se entrelazan con la arquitectura que podemos observarlo continuamente en como se combinan para dar vida a proyectos creativos de gran impacto en los que puede definirse la arquitectura, como escultura habitable. No obstante estos matices, existe otra disciplina con la que hace buenas migas. Combinadas entre sí, arquitectura y cinematografía, dan lugar a un dialogo visual y narrativo que enriquece sobremanera a ambas artes.

En primera instancia, la arquitectura desempeña un papel crucial en la ficción cinematográfica, tanto como telón de fondo como escenario, para las historias que se desarrollan en la cinta. No es difícil que en algunas ocasiones, la arquitectura llegue a convertirse en un personaje esencial de la trama. Es muy habitual que las ficciones que nos llegan, nos muestren como las ciudades juegan un papel más que sustancial, siendo más que un escenario y convirtiéndose en un agente activo con tintes de dinamizador de la historia. Basta con echar un vistazo a conocidas series de televisión como Sexo en Nueva York o Friends, para comprobar como la ciudad de Nueva York se convierte en un protagonista más que permite la interactuación constante en los conflictos y tramas de la pantalla.

Nuestro caso particular, parte con Madrid como escenario protagónico de las ficciones de producción propia. Aunque es cada vez más frecuente que se cambie de escenario y sean otras, las ciudades protagonistas. Sin olvidarnos de todos esos directores cinematográficos que orquestan todas sus películas con una ciudad particular como telón de fondo. Si todos conocemos Nueva York es gracias a esos artistas que la colocan como escenario imperturbable de sus historias.

Gracias al celuloide, edificios singulares, lugares emblemáticos o espacios singulares, han sido convertidos en reconocidos símbolos cinematográficos y utilizados reiteradamente como escenario. Estos lugares terminan por convertirse en icónicos, no exclusivamente por su arquitectura sino también por evocar todas y cada una de aquellas historias que han sido narradas a través de sus calles.

Casos como el Coliseo de Roma, siempre recordado por una Audrey Hepburn en una Vespa, a espaldas de Gregory Peck o la Torre de Pisa enderezada por un travieso Superman, albergan en nuestra memoria. Otros ejemplos son la Torre Picasso de Madrid que siempre nos llevará a abrir los ojos con aquel joven director conocido como Alejandro Amenábar. También en nuestra capital, resulta inevitable contemplar las Torres Kio en la Castellana sin evocar a un Santiago Segura colgado del cartel de Shweppes de la Gran Vía.

La arquitectura representa el contexto

No solo queda para la memoria el recuerdo de esas imágenes míticas que nos hicieron querer visitar esos lugares y formar parte de su historia. Además de este efecto, la arquitectura dentro del cine, permite que se establezca el contexto y atmosfera adecuado para las escenas. Los equipos de producción cinematográficos, trabajan estrechamente con arquitectos y diseñadores para crear los impresionantes sets y escenografías que nos lleven a épocas y lugares inexistentes, de otra época, con otro ambiente o estilo.

La necesaria atención al detalle en la selección de los diferentes elementos arquitectónicos y su posterior integración en el diseño de producción contribuyen a aportar esa autenticidad y la necesaria coherencia visual en la ficción.

Podemos citar ejemplos como la película el Gran Gatsby, cuya arquitectura representa la grandiosidad y opulencia de aquellos locos años veinte. Fiel reflejo del Renacimiento Gótico y el Art Decó tan potentes de la época que vivía por aquel entonces su momento de mayor expresión. En consecuencia, podemos decir que la arquitectura no sirve meramente como telón de fondo de la historia pues pasa a ser parte de la misma. Lo mismo sucede en todas esas películas de época en las que los diferentes elementos arquitectónicos y ornamentales, recrean certeramente las costumbres y formas de pensar del periodo histórico al que pertenecen, como ejemplos claros, podemos citar las adaptaciones de Jane Austen o películas tan aclamadas como Lo que el viento se llevó, donde es posible acercarnos a la historia a través de su escenografía.

A través del cine, la arquitectura se abre paso. El séptimo arte, posee esa capacidad de capturar y transmitir la esencia misma de la arquitectura mediante su potente enfoque visual y su narrativa cinematográfica. Ajustando encuadres, realzando las partes relevantes y mostrando la majestuosidad de la arquitectura, las películas son capaces de representar la belleza, la forma y la función de cada edificio, de manera única. A menudo valiéndose de los ángulos y perspectivas utilizados para realzar su estética.

Volviendo a la similitud que comparten cinematografía y diseño arquitectónico, en términos de composición visual y narrativa, ambas disciplinas se basan en el uso del espacio, la luz, las líneas y la perspectiva, con la finalidad de crear emociones y transmitir mensajes a los observadores. La elección, más que cuidadosa de cada ángulo, la iluminación y los movimientos que la cámara realiza, son semejantes a la disposición de los espacios, volúmenes y materiales de los que se vale la arquitectura. Ambos, tienen un impacto altamente significativo en la experiencia visual y emocional.

De ahí que algunos directores de renombre, utilicen el diseño de interiores como elemento diferenciador de su propio arte. Casos como Wes Anderson o Almodóvar, hacen uso de los diferentes patrones estéticos, elementos o colores que repiten una y otra vez en sus películas.

En el caso de Anderson, el diseño de sus películas se ha convertido en referente: simetría, colores vibrantes y patrones detallados, forman parte de la narrativa y se convierten en una extensión de la personalidad de sus personajes y su estado anímico. Por otro lado, Almodóvar, se sirve de los rojos vibrantes y provocativos como símbolo de la sensualidad, el dolor o la muerte de la que habla en casi todas sus películas. Este sello de identidad, no es solo una estética provocativa y salvaje, influye directamente en la carga emocional.

Como decimos, la relación existente entre la arquitectura y el cine, constituye una conexión de mayor complejidad que va más allá de la estética visual de la película. Dentro del celuloide, la arquitectura se convierte en un personaje más de la trama, al mismo tiempo que, captura la esencia de su belleza, elevando el impacto que produce en el espectador.

En resumen, arquitectura y cine, al cruzar sus caminos, se convierten en todo un dialogo que se produce entre lo visual y lo narrativo, ejerciendo como ese nexo de unión que se produce entre los diferentes elementos que componen y entretejen una buena historia. Al final, cada disciplina artística, se compone de las otras y coexisten en infinitas obras.

 

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