En los primeros meses de cada año, febrero, marzo, se celebra la gran fiesta del cine español. La gala de los Goya es uno de los eventos más populares e importantes del calendario cultural de nuestro país. Su imagen está encarnada en un busto del pintor aragonés Francisco de Goya y Lucientes. Pero, ¿por qué Goya?, ¿por qué un busto?

Ante la primera edición de los premios del cine español, allá por 1986, el conjunto de la academia, formada por todos los profesionales que integran la industria del cine, llegaron al acuerdo de llamar a su ceremonia “Los premios Goya.” Se eligió este nombre porque era un nombre corto, fácil de recordar como los Óscar americanos o los Cesar del cine francés.

Goya concordaba a la perfección con el espíritu del cine español. Es un símbolo de la cultura del país, como lo es nuestro cine, pero además, tenía un enfoque moderno y crítico que coincidía con el punto de vista de los creadores cinematográficos españoles. Goya se salió del romanticismo propio de su época. Con sus grabados y sus pinturas negras estableció las bases de la pintura contemporánea. Goya fue decisivo para que años más tarde surgieran los impresionistas franceses, y a la postre, las vanguardias artísticas a principios del siglo XX.

El pintor fue crítico con la época que le tocó vivir, reflejando los principales acontecimientos del momento y tomando posición al lado del pueblo. Como lo hizo con “La carga de los mamelucos” o “Los fusilamientos del 3 de mayo”. Reflejaba, al mismo tiempo, el espíritu alegre de los españoles en cuadros como “La gallinita ciega” y su parte más oscura, en “Aquelarre.” La obra de Goya tiene un carácter secuencial, como si estuviera contando una historia a través de imágenes. Como si con sus cuadros hubiera rodado varias películas. La de la maja, desnuda y vestida, la de la familia real de Carlos IV, la de la guerra de la independencia o la de sus pinturas negras.

La mejor forma de representar a Goya era mediante un busto, con toda la expresividad de su rostro. La estatuilla de los premiados tenía un fuerte valor simbólico, como las películas que ellos habían creado.

Historia de la estatuilla.

Para las tres primeras ediciones, la academia de cine encargó la estatuilla de los Goya al escultor malagueño Miguel Ortiz Berrocal. El trofeo consistía en un busto de bronce de la cabeza del pintor, del que salía una especie de peineta con forma de cámara de cine y de la que se podía extraer una insignia que se utilizaba como pin. La primera versión del premio era aparatosa, tenía un peso de 15 kilos, y pronto se ganó el apelativo de “el cabezón.”

De 1990 al 2019, el escultor asturiano José Luis Fernández, simplifica la estatuilla hasta reducir su peso a los 2 kilos. Eliminó los accesorios y redujo considerablemente su tamaño.

Para el 2020, la academia decide hacer una copia exacta del busto que en 1902 el escultor valenciano, Mariano Benlliure, hizo del pintor aragonés. Una de las primeras copias se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Los familiares del artista y la Fundación Benlliure autorizaron, de manera altruista, a la academia de cine para que sacara un molde de la estatua original, que sirviera de base para producir los trofeos. El busto realizado en bronce por Benlliure fue siempre el punto de inspiración y de referencia para esculpir la estatuilla. Benlliure lo moldeó a partir de un retrato que hizo el pintor Vicente López en 1826, cuando Goya, ya anciano, se había retirado a la Quinta del Sordo, una finca que adquirió a las afueras de Carabanchel Bajo.

Cómo se hace la estatuilla de los Goya.

Como explica la página web de Los premios Goya, la estatuilla actual sale de un vaciado en escayola del busto original realizado por Mariano Benlliure en 1902, conservado por la familia.

De ahí se han extraído unos moldes de silicona que sirven de base para todas las copias. El molde se rellena con cera y se deja secar. Obteniendo el busto en este material. Después, un escultor retoca las imperfecciones.

Se prepara una estructura metálica en forma de árbol. Con varios conductos por los que una vez caliente, saldrá la cera derretida y su entrará el bronce fundido. Se hace un revestimiento en yeso copiando la cera. Una vez el yeso está seco, la caja de moldeo se introduce en un horno, se funde la cera y deja una cavidad negativa.

A una temperatura de 700 grados centígrados, el bronce líquido, centrifugado, a gran velocidad y al vacío, ocupa las paredes de la cavidad. Se hace de esta manera para que quede hueco, no tenga mucho grosor y pese poco.

El escultor le da un último repaso a las estatuillas, realizando un cincelado con fresas mecánicas. Para darle el color definitivo se aplican ácidos y calor con un soplete.

La fundición a la cera perdida se lleva realizando desde hace 6000 años. Es un método artesanal que los escultores lo siguen empleando porque permite perfilar los detalles y obtener un resultado final de gran realismo.

El mejor trofeo, un busto.

Los Óscar americanos entregan como trofeo una estatuilla dorada con forma humanoide, que representa a un hombre musculoso que, con sus dos manos, sujeta una corona de laurel a la altura del pecho. Tiene estructura ergonómica. Se puede agarrar con una mano sobre las piernas del trofeo y levantarse como si fuera una copa. Posee más un aspecto deportivo que artístico. Representa, en cierta medida, la hegemonía que ostenta Hollywood en el séptimo arte, sobre todo después de la segunda guerra mundial, cuando EEUU descubre el valor del cine como elemento propagandístico para difundir el modo de vida americano y el espíritu de los triunfadores.

En 1976, la academia de cine francés crea los premios Cesar, compuesto por 13 categorías en las que se premiaban a los mejores directores, actores, actrices y películas francesas de cada año. El cine francés no pasaba por su mejor época creativa, representada en los años 60 con la explosión de la “Nouvelle Vague”, pero ya contaba con una protección pública que sigue vigente hasta la actualidad. Se basa en cuantiosas subvenciones y en una cuota de pantalla que asegura que sus películas están presentes en cantidad superior al cine extranjero. Esta política proteccionista, que puede parecer positiva, en realidad, tiene un aspecto negativo. Da igual que sean buenas películas o malas, qué conecten con el público o no, la rentabilidad ya está asegurada.

Como reflejo de esta mentalidad aparecen los premios Cesar, que se llaman así porque el trofeo fue diseñado por el escultor Cesar Baldaccini. La estatuilla consiste en un prisma dorado abstracto, que queda muy bien sobre una repisa, pero que nadie sabe qué significa. Hay que intentar descifrarlo. Es artístico, eso sí, pero incomprensible. Tal vez esa sea la diferenciación que entienden los cineastas franceses respecto al cine norteamericano.

En contraposición a estos trofeos están los Goya. Un busto de valor estético y artístico, que rinde homenaje a un artista y lo que simboliza. Tiene una fuerte carga expresiva y es fácil de entender. Algo bonito de lucir y de presentar a los demás.

Esta es la fuerza que tienen los bustos. Existen estatuas de este tipo icónicas. Como la de la cabeza de Beethoven, que cualquier músico estaría orgulloso de exhibir, o los bustos de Venus, inspirados en la Venus de Milo, que simbolizan la belleza.

Un busto es el mejor trofeo que puede recibir un artista o un amante del arte.

Tecnología en la escultura de bustos.

Como nos explican en Bustos Personalizados, un estudio artístico que se dedica a esculpir estatuas por encargo, en la actualidad se emplea la tecnología en la escultura para obtener unos resultados más fieles a los encargos o a lo que quiere transmitir el autor.

Es habitual que se ultime un diseño por ordenador en 3 dimensiones partiendo de diferentes fotos previas o de los bocetos del artista. Este modelo se talla o se exculpe sobre madera, resina o arcilla utilizando fresadoras mecánicas conectadas al ordenador. El resultado servirá de base sobre el que trabajar o para extraer moldes con los que después fundir bronce.

El trabajo siempre está retocado por un escultor, el cual le da el efecto artístico y ese carácter único y exclusivo.

Con los nuevos materiales, aplicándoles baños de metal (níquel, bronce, cobre, oro, plata) se obtienen acabados metalizados. Utilizando la tecnología, se adelanta todo el trabajo duro y el artista se centra en crear y aportar su sello personal.

De esta manera se esculpen los bustos, de una forma más rápida y fiel al diseño original.

Los premios Goya surgen con la voluntad de apoyar e impulsar el cine español. La entrega de un busto refleja ese espíritu. Una imagen con la que se sienten identificados y orgullosos una comunidad de artistas. Puede servir de ejemplo para impulsar otras artes. Utilizando la escultura como símbolo y no un trofeo como si fuera un torneo de tenis o una liguilla de futbol.